INTRODUCCIÓN
Sin lugar a dudas, puede afirmarse que muy pocos aspectos o ramas de las matemáticas
pueden asignarse al trabajo de un único individuo. La Geometría Analítica “de Descartes y
Fermat” no fue la excepción a esto, es decir, no fue un producto exclusivo de sus
investigaciones, sino más bien, la síntesis de varias tendencias matemáticas convergentes
en los siglos XVI y XVII. Entre los autores que contribuyeron a las tendencias citadas
pueden contarse Apolonio, Oresme, Vieta y muchos otros matemáticos.
Resulta de particular interés, por su magnitud e importancia, el trabajo de Apolonio (262 –
190 a. de C.), Las Cónicas1
, en el que ya se advierten, respecto al uso de coordenadas,
muchos aspectos tan similares a los acercamientos modernos, tanto que, en algunas
ocasiones, es juzgado como una geometría analítica que se anticipó a aquella de Descartes
y Fermat por 1800 años, en la que se identifican formas retóricas de las ecuaciones de las
curvas establecidas por Apolonio como relaciones entre las abscisas y las ordenadas. Las
abscisas y las ordenadas de la época eran aplicaciones de líneas de referencia en general, y
de un diámetro y una tangente en sus extremos en particular, lo que no hace diferencias
esenciales con un marco coordenado rectangular, o más generalmente, oblicuo. En este
sistema de referencia, las distancias medidas a lo largo del diámetro desde el punto de
tangencia son las abscisas, y los segmentos paralelos a la tangente e intersecados entre el
eje y la curva son las ordenadas. Sin embargo, el álgebra geométrica Griega no tenía
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